Es bien conocido por casi todos los vecinos de Talarrubias que de esta villa surgieron varios obispos a lo largo del
siglo XVIII (ver Revista de Talarrubias nº 5, “Obispos de Talarrubias”,
de Ramón Gonzálvez), sin embargo, no son muchos los datos que han
prevalecido sobre sus biografías, bien por la falta de documentación o
bien por la falta de interés que este tema haya despertado entre
nuestras gentes.
Lo que sí es cierto, es que la vida y obra de estas personas bien
debiera ser conocida por todos y tener de ellas la memoria y
consideración que realmente merecen, pues una vez descubierta puede
resultar verdaderamente impresionante su magnitud e importancia.
Este es el caso de José Antonio García Mohedano, hijo de Talarrubias,
que llegó a ser Obispo de Guayana en Venezuela.
Pero a decir verdad, el gran mérito del Padre Mohedano, que es como
allí lo recuerdan, no fue el hecho de llegar a ostentar un día esa
dignidad eclesiástica, que ya de por si es importante, sino la de
llevar una intensa vida pastoral y misionera en su parroquia y la de
saber procurar para sus feligreses una prosperidad y riqueza que
finalmente se extendió por toda Venezuela y Latinoamérica, porque
realmente el padre Mohedano fue pionero, promotor e impulsor de algo
tan importante como es el cultivo del café en aquella parte de
América.
José Antonio nació el 20 de abril de 1741 en Talarrubias. era hijo
legítimo de Don José Antonio García y de Doña Socorro Mohedano de
García.
Bien es sabido que en esa época Talarrubias gozaba de una notable
prosperidad que se manifestaba en todos los ámbitos sociales: el
económico, el demográfico, el eclesiástico...
Estimulada la vida eclesiástica por la presencia de algunas
comunidades religiosas en Puebla de Alcocer y en la propia Talarrubias,
surgirían en la zona numerosas vocaciones, que amparadas a veces al
abrigo de algunas familias pudientes dieron la posibilidad a muchos
jóvenes para desarrollar su profesión por la fé. Alguno de ellos se
incorporarían también a la entonces bien asentada y expansiva
evangelización de América.
Este fue el caso del joven José Antonio, quien junto a un grupo de
personas de Talarrubias y otros lugares de España, partió en el año 1757 hacia las Indias, formando parte del séquito que acompañaba a su
pariente Don Diego Antonio Díez Madroñero, perteneciente este a una
importante familia de la Talarrubias del siglo XVIII y ya por entonces
Obispo de la ciudad de Caracas.
Así consta en la documentación existente en el Archivo de Indias:
“Certifico que yo Don Antonio Díez Madroñero, Obispo de Caracas y
Venezuela del Consejo de su Majestad que llevó por mas familiares a
nuestro obispado las personas siguientes:
Don Francisco de San Antonio, Religioso Mercenario Descalzo conventual
de la ciudad de Alcalá de Henares y Lector jubilado en ella, Don
Lorenzo Joseph Fernández de León, Presbitero abogado de los Reales
Consejos, natural de la villa de Esparragosa de Lares, Don Joseph
Melgrada también Presbitero, natural de la villa de Pastrana, Don
Cayetano Muñoz Camacho, Don Joseph García Mohedano, Don Lorenzo de
Mansilla, ordenados de menores y naturales de la villa de Talarrubias,
Don Juan del Pozo también clérigo de menores y del lugar de Rozas, Don
Phelipe Martínez de Manuy y de San Juan, vecino de Molla en Flandes,
Cayetano Blengua, de el Alcázar de San Juan y Andrés López que lo es
de el valle de Santa María de Rus en Galicia, todos los cuales no son
algunas de las familias a quienes está prohibido su tránsito a las
Indias y los siete últimos son mozos solteros y sin otro impedimento
que pueda embarazárselo y para que conste por la presente que firmo en
esta ciudad de Cádiz a treinta de Marzo de mil setecientos cincuenta y
siete:
Diego Antonio Obispo de Caracas.
Tenía pues dieciocho años José Antonio Mohedano, cuando marchó de
Talarrubias junto a sus paisanos y demás acompañantes rumbo a las
Américas, siendo “ordenado de menores”, en la jerarquía eclesiástica,
algo así como seminarista de la época, con la función de criado al
servicio del mencionado Obispo Madroñero.
Según se desprende del mismo documento de contratación, se embarcaron
en Cádiz con fecha 1 de Abril de 1757 a bordo del navío San Ignacio:
“Por la Contaduría principal de Contratación se expedita al
ilustrísimo señor Obispo de Caracas el despacho correspondiente para
su embarque en el Navío San Ignacio, propio de la Real Compañía
Guipuzcoana de aquel puerto, que está para ejecutar viaje a la Guayra,
incluyendo en el los familiares que anuncia su precedente,
Certificación; mediante que, el presente tiempo tenido, y la urgencia
de la salida sea otro Navío, no permitan la execución de las demás
formalidades, en semejantes casos acostumbrados”
J.A. García
Nota: En primero de Abril de 1757 se dio licencia a nuestro señor
Obispo a embarcar, con los familiares expresados, en esta
Certificación, en el Navío que previene el antecedente Decreto”.
Poco tiempo después de su llegada a Caracas a finales de junio de 1757
y no sin algunos inconvenientes, ingresó José Antonio en el Seminario
Diocesano, donde estudió Teología, recibiendo posteriormente el título
de Bachiller.
Algunos años después, recibiría las
Sagradas Órdenes en la ciudad de Caracas, pasando inmediatamente a ser
Vicesecretario del Obispo Madroñero, y posteriormente Secretario de la
Curia, cargo que ejerció hasta la muerte de aquel, hecho ocurrido el 3
de Febrero de 1769.
En 1770 fue designado párroco de la recién creada parroquia de San
José de Chacao, cargo que obtendría tras hacer oposición junto con los
sacerdotes bachilleres Don Pedro de Ricolas, Don Álvaro Gómez, Don
Antonio José de Ajuaiguana, Don Agustín Díaz Orgas y Toro, Don Joseph
Trinidad Pahola, Don Antonio Montserrat y Juan Antonio Cróquer,
tomando posesión del mismo el 18 de enero de 1770.
Estuvo al frente de la parroquia durante 29 años, a lo largo de los
cuales construyó la Casa Parroquial, compaginando sus labores
pastorales con las de auténtica investigación y desarrollo para el
cultivo del café.
Durante los años 1783 y 1784 realizó en varias haciendas de Chacao una
intensa actividad que finalmente dio sus frutos. Después de varios
intentos y sus correspondientes fracasos, consiguió una magnífica
cosecha de más de cincuenta mil arbustos de excelente calidad,
fundando un establecimiento para su producción formal.
A partir de entonces su método de cultivo se extendió por toda
Venezuela, siendo durante muchos años y hasta la llegada del petróleo,
la principal fuente de riqueza y exportación del país.
Finalmente en el año 1800, el padre Mohedano fue propuesto como obispo
de Santo Tomás de Guayana. Dicha proposición fue presentada por Carlos IV y concedida por el Papa Pio VII, siendo su consagración el 16 de
Agosto de 1801, presidida por el entonces Arzobispo de Caracas Don
Francisco Ibarra y Herrera.
Desempeñó este cargo hasta su muerte, ocurrida el 17 de Octubre de
1804 en Oropiche, a los 63 años de edad. Sus restos descansan junto
al Altar Mayor, al lado del Evangelio, en la Catedral de Caracas.
"Mi único deseo, mi anhelo es ver feliz a mi grey, por lo que aspiro
continuar siendo médico del alma y médico del cuerpo. Rematar el
templo de Chacao, ver desarrollado el cultivo de café y después morir
en el seno de Dios y con el cariño de mi grey, he aquí mi única
ambición".
Por su personalidad, por su dedicación y por sus logros, el Padre
Mohedano ha sido y es venerado aún hoy día por las gentes de
Venezuela, principalmente en su ciudad, Chacao, donde importantes vías
públicas, colegios y otras instituciones llevan su nombre.
''Las glorias del señor Mohedano son glorias de la Iglesia de
Venezuela y son también glorias de la Patria; porque los grandes hombres
se encuentran en las galerías de las naciones con que han sabido hacerse
acreedores a la veneración y gratitud de los pueblos''.
Lamentablemente, quizás más por desinformación que por otra cosa, de
él no guardamos ningún recuerdo en esta villa de Talarrubias que lo
vio nacer. Pero nunca es tarde, puede que sea ahora el momento de
mostrar nuestro orgullo por este paisano y saber rendirle justa
memoria histórica.

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